Ninguna Persona Cambia Con El Tiempo… La Verdad Nunca Fueron Como Pensabas

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Creemos que las personas cambian, pero no siempre. No quiero decir que no cambiemos nada, todo lo contrario, cambiamos mucho a lo largo de los años. Nuestros conocimientos, habilidades y actitudes pueden cambiar con el tiempo y nuestro cerebro es plástico y, por lo tanto, adaptable al entorno y al aprendizaje.

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He conocido a muchas personas queriendo cambiarlas, queriendo que sean diferentes, que se adapten a lo que yo esperaba de ellas, y eso no ha ocurrido. Seguramente te habrá ocurrido igual a ti. Con una pareja, con un empleado que has contratado, etcétera.

Y cuando necesitas algo con muchas ganas, entonces te da igual lo que te diga tu intuición. Si rompes con tu pareja y buscas pareja urgentemente seguramente acabarás con la persona equivocada. Si tu empresa se queda sin director comercial y necesitas contratar a uno urgentemente, no lo harás igual de bien que si tienes tiempo para hacer este cambio. En el primer caso tendrás necesidad y esa necesidad secuestrará tu capacidad intuitiva.

Tarde o temprano aparece la primera decepción. No sabemos cómo, ni entendemos cómo la otra persona ha sido capaz de hacer o decir tal cosa, sin embargo, ha ocurrido y no podemos hacer nada por cambiarlo.

Poco a poco van surgiendo esas situaciones tan reveladoras donde se pone a prueba a las personas. Ahí donde se demuestra su verdadera esencia, su auténtica personalidad.

¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Cómo pueden ser tan diferentes de cómo eran al principio a lo que estamos experimentando ahora? Debemos aceptarlo: no es que hayan cambiado de la noche a la mañana. En realidad, hay personas que no son como creíamos en un principio.

 

Nuestra resistencia a ver la verdad sobre las personas queridas

¿Cómo aceptar que la persona a quien queremos no es como pensábamos en un principio?  Lo creas o no este tipo de situaciones son realidades muy comunes en el día a día, y de hecho no surgen solo a nivel de pareja. Ocurre también entre amistades e incluso entre muchos vínculos familiares.

No existe una fórmula mágica que nos permita ver al segundo cómo son en realidad las personas. De hecho, muchas veces ni siquiera ellas lo saben. Se necesita compartir momentos, experimentar vivencias para que sea la propia vida quien saque a la luz las propias oscuridades y bellezas interiores.

Evita ser tú quien lleve una venda en los ojos

Si ya es común que muchas personas vayan por los salones de la vida cubiertos por sus propias máscaras de seducción virginal, no vale la pena que nosotros, vayamos también con una venda en los ojos.

Evita idealizar. Saca conclusiones a través de las palabras, de los actos, de los gestos y también de los silencios. A una persona se la conoce no por las pancartas que ella misma se corona, sino por los detalles que tú mismo puedes intuir.

No esperes que cambien por ti

Este es un error en el que muchos solemos caer. En ocasiones, puede ocurrir que sepamos de antemano cómo es una persona. Conocemos sus defectos, sabemos que puede hacernos daño… Sin embargo, nos decimos aquello de  “con nosotros va a ser diferente: cambiarán”.

Y sin embargo no ocurre, no es frecuente que las personas lleguen a cambiar su forma de ser, sus costumbres, sus necesidades, sus matices. Seguiremos aguardando una espera inútil en la que se mina nuestra autoestima y nuestras esperanzas. Es algo peligroso.


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